No pude reprimir mi alegria ante el nacimiento de SPENCER WLADIMIR JOSHUA mi primer niet, que vino para felicidad de sus padres sobre todo pero a mi que re estreno el abuelazgo me puso re-muy feliz, Por eso ayer escuché por radio este mensaje leído por un excelente locutor Hector Larrea que me dio en el punto justo emocionándome tanto que quise compartirlo con todos los lectores de esta página.No soy poseedor de vena poética por lo cual me apropio de esto que es lo que me gustaría que el interprete algun día cuando yo no esté .Mario
MENSAJE A MI NIETO
Llegaste a mi al declinar la tarde
-hermosa realidad de un largo sueño-
y fue al fin del otoño primavera,
y del tronco añoso hubo un retoño nuevo.
Hijo de un hijo,doblemente hijo,
eso eres,mi nieto,
que hoy has venido a prolongar mi vida,
mi nombre ,mi recuerdo...
Quizá repitas en tu vida de hombre
algunos de mis rasgos y mis gestos;
mas quiera Dios que en ti no se repitan
mis errores,tampoco mis defectos.
Nieto,mi nieto,escucha:
se un ser útil y bueno.
Toma,no mas,lo que tu mano pueda
contener sin esfuerzo;
quien posee muchas cosas es su esclavo,
quien tiene pocas cosas es su dueño
y es mas libre además;no olvides nunca
que la libertad es bien supremo.
Recuerda que alguien escribió un día
sobre la puerta de su cas esto:
"Todo era de otros y todo será de otros"
y yo agrego:
que no es mas rido el que posee mas bienes
sino aquel que atesora mas recuerdos.
Sé sencillo,cordial,afectuoso,
que siempre has alguien que demanda afecto.
Tal vez no alcances gran sabiduría,
acaso no poseas gran talento;
no importa,hay un talento,el que mas vale,
y es el del corazón,procura haberlo;
para ello trata de guardarlo puro
el corazón,como el de un niño,y luego,
ya hombre,puedas conservar por siempre
al niño aquel que fuiste en el comienzo;
que así tendrá mejor sabor la vida
y mejor gozarás cuanto hay de bello.
Nieto mio,repito:
procura ser útil y ser bueno;
hoy te lo pide el padre de tu padre,
por dos veces tu padre,que es :TU ABUELO.
MARIO EDWARD.
jueves, 23 de diciembre de 2010
miércoles, 22 de diciembre de 2010
Moisés: el Éxodo de los israelitas, un misterio egipcio

"SHEMA JISROEL ELOHENI ADONAI EJOD”
(Oye, Israel, Nuestro Dios Adonay es el Dios Único)
Profeta y legislador de Israel cuyas acciones están descritas en el libro del Éxodo (siglo XIII A. C.?). Sin embargo, dicho libro del Antiguo Testamento está escrito en un registro literario y simbólico que deja en la penumbra la figura histórica de Moisés, rodeándola de milagros, prodigios y leyendas; e incluso existen dudas sobre la existencia real de Moisés, que podría ser un mito.
Introducción
¿Qué puede decir la historia acerca de Moisés y la gran migración del pueblo de Israel a cuyo frente, según la Biblia, le puso Yahvé? ¿Existió Moisés? ¿Hubo en verdad un éxodo?
Durante siglos la historia de Moisés, considerado como fundador y primer profeta de la religión judía, ha ocupado un lugar de privilegio en nuestra imaginación colectiva. Gran protagonista de los relatos iniciales de la Biblia, la literatura y el arte han recreado profusamente los grandes episodios de su vida. Nadie ignora la azarosa historia de su abandono, nada más nacer, en una cestilla arrojada al Nilo que recogerá la hija del faraón. O los sinsabores de su estancia en Egipto, junto a la comunidad hebrea al servicio del faraón, hasta que el homicidio de un egipcio lo obligó a huir al desierto. O la primera revelación de Yahvé, en forma de «zarza ardiente», para comunicar a Moisés su misión de sacar a los hebreos de la esclavitud egipcia y llevarlos a un nuevo país, la «tierra de promisión».
Cuando el faraón desatendió su petición de que permitiera marcharse a sus compatriotas, se abatieron sobre el país las «diez plagas de Egipto», castigando a todos menos a los israelitas cuyas casas había señalado el profeta. Iniciado el «éxodo» propiamente dicho, se suceden episodios aún más legendarios: el paso del mar Rojo, con la milagrosa apertura de las aguas; la «travesía del desierto» durante cuarenta años, en cuyo curso los peregrinos se alimentaron del maná llovido del cielo y bebieron el agua que el mismo Moisés hizo manar de una roca; o la entrega de las tablas de la Ley por Moisés a su pueblo, después de que Yahvé se las revelara en el monte Sinaí. El último acto de la epopeya mosaica consistió en la aparición de Yahvé en el monte Nebo, en la que anunció a su profeta que pronto divisaría la tierra prometida, pero que la muerte le impediría entrar. En efecto, fue Josué quien conquistó el país que se convertiría en patria de los israelitas.
Desde hace tiempo se admite que esta historia, tal como la relata la Biblia, no puede considerarse un relato histórico. Hay muchos elementos fantásticos, algunos introducidos en una época relativamente tardía, como el del milagro del mar Rojo, mientras que otros entroncan con los mitos de otros pueblos del Próximo Oriente, como el del nacimiento de Moisés o las tablas de la Ley. Pero al mismo tiempo existen aspectos que seguramente responden a una realidad histórica genuina, entre ellos la misma idea del éxodo; se sabe, por ejemplo, que en el siglo XIII A.C. existía en Egipto una comunidad hebrea empleada en la construcción de la ciudad de Pi-Ramsés. Historia y leyenda se imbrican así en una narración que constituye uno de los fundamentos de la cultura judía y judeocristiana.
Moisés y la historia arqueológica
En Les secrets de l”Exode (Los Secretos del Éxodo), Ediciones Jean- Cyrille Godefroy, los franceses Roger y Messod Sabbah —judíos ellos mismos— hacen una revelación que no sólo desarma un delicado rompecabezas de miles de años sino que terminaría con gran parte de la literatura del Antiguo Testamento. Según su trabajo, el guía del éxodo judío habría sido en realidad un general egipcio que más tarde sería el faraón Ramsés I, al que sitúan en los años 1299-1297 (a. C.).
Según los Sabbah aseguran que los hebreos eran los pobladores de Akhet-Atón, ciudad del Antiguo Egipto y sede del primer faraón monoteísta Akenatón (Amenophis IV), casado con Nefertiti. Según el arriesgado trabajo de los franceses, Akenatón y Abraham serían la misma persona que vivió hacia el año 1358 (a. C.). Así, Sara, la esposa de Abraham y madre tardía de Isaac no sería otra que la intrigante Nefertiti.
Siguiendo con las hipótesis, el autor de las Tablas de la Ley, aquél que hasta ahora había llegado en canastita hasta la nobleza egipicia, no sería otro que el general egipcio Mosé (Ra-Messou), más adelante el faraón Ramsés I.
Para decir lo que dicen, los Sabbah afirman haber hecho un atento estudio del Antiguo Testamento y de la Biblia aramea y que lo confirmaron tras encontrar símbolos de la lengua hebrea detrás de los jeroglíficos de las tumbas del Valle de los Reyes.
Todo encaja perfectamente en el nuevo puzzle. Según el registro histórico, después de la desaparición de Akenatón, los pobladores fueron expulsados a Canaán por orden del futuro emperador Ay ( 1331-1326 a. C.). En su exilio, quienes se hacían llamar “yahouds” (adoradores del faraón) fundaron cuarenta años después el reino de Yahouda (Judea).
Moisés y las Tablas de la Ley
La tradición judía nos dice de Moisés que fue encontrado en las aguas del Nilo por una hija del Faraón; que creció en la corte egipcia, destacando por su talento y valor; que finalmente reconoció su origen judío y que se enfrentó al propio Faraón, enviando las famosas nueve plagas y huyendo de Egipto con todo su pueblo; que atravesó las aguas del Mar Rojo, sepultando al ejército faraónico bajo ellas; que bajo su guía, los judíos vagaron por el desierto portando la misteriosa Arca de la Alianza hasta encontrar la Tierra Prometida de Canáan; que subió al Sinaí donde Yahvéh le reveló las Tablas de la Ley… y que, finalmente, condujo a los judíos hasta su nuevo hogar, aunque a él se le vetó la entrada, muriendo solo en el desierto.
Para muchos exégetas del Génesis, Moisés, por contra, ni siquiera existió realmente, sino que fue un personaje mítico inventado para corroborar el origen divino del pueblo judío.
Otro asunto oscuro lo representa el propio Éxodo del pueblo judío, encabezado por Moisés, pues según el parecer mayoritario de los especialistas en temas bíblicos, tuvo lugar durante el reinado del faraón Merneptah, cuarto rey de la XIX Dinastía, hijo de Ramsés II el Grande. Pero, tal como se pregunta Vicente Vaquero en su artículo ¿Existió Moisés realmente?, verdades y mentiras del Libro del Éxodo, ¿hubo alguna vez un Éxodo? Porque lo cierto es que en todo lo descubierto hasta ahora por los egiptólogos no hay nada que demuestre que tal hecho tuviese lugar.
Vaquero hace mención, eso sí, a la famosa Estela de Israel, descubierta en 1896 en el templo funerario de Merneptah, en Tebas. La estela de granito, cuyas inscripciones tenían como objetivo principal ensalzar la figura del faraón y su victoria sobre los libios en la batalla de Pi-ire, contiene en sus últimas frases unas interesantes referencias a la situación existente en aquel tiempo en Asia, en las que de pasada, se menciona a Israel: “Los reyes enemigos están vencidos, gritan Salam (paz). Ni uno de los Nueve Pueblos del Arco (los beduinos) levanta la cabeza. Arrasado está el país de los Tehenú (los libios). Los hititas están pacificados. Canaán está saqueado. Conquistadas están Gezer y Ascalón. Yenoán ya no existe. Israel está derribado y yermo, no tiene semilla. Palestina es una viuda. Todas las tierras están unidas y pacíficas. Los que eran turbulentos están sujetos por el rey Merneptah, ¡que viva muchos años!”.
“El hecho de que los especialistas en el Antiguo Testamento pensaran que el Éxodo tuvo lugar bajo la égida de Merneptah ha originado que esta inscripción se haya hecho famosa y tome una importancia que de otro modo no hubiera tenido nunca, por lo que ha pasado a la historia como “la estela de Israel”.
No obstante -apunta Vaquero-, parece olvidarse que, según la Biblia, el faraón que reinaba murió ahogado al intentar atravesar el Mar Rojo en persecución de Moisés y su pueblo, y que Merneptah -cuya momia fue hallada y sometida a diversos reconocimientos- murió como consecuencia de una calcificación de las arterias.
Por otro lado, Luis A. Lázaro, en su artículo Moisés, el mago de Dios, expone otras hipótesis de trabajo existentes sobre la figura de Moisés, como la que nos dice que pudo no ser judío sino egipcio, probablemente un príncipe o sacerdote; siendo él el fundador de la religión hebraica bajo la influencia del culto solar del dios único egipcio Atón.
Algunas cuestiones significativas al respecto: De todas las tribus que acompañaban a Moisés destaca la de Leví, que probablemente serían parientes y el séquito de procedencia egipcia que le acompañó en su aventura, a juzgar por la cantidad de raices egipcias que todavía quedan en los apellidos de los descendientes de aquellos primitivos levitas. Esta tribu operaba como el cuerpo de seguridad personal de Moisés y como casta sacerdotal ostentaba el monopolio del ejercicio de los ritos y la custodia del Tabernáculo (el templo móvil de los judíos durante su éxodo por el desierto) y el Arca de la Alianza.
Además de iniciar personal y oralmente a los sacerdotes del Tabérnaculo -setenta- Moisés transmite la Ley por escrito y se guarda en el Arca de la Alianza, otra influencia clara de los cultos iniciáticos egipcios, donde se guardaban los libros sagrados también en un arca.
Moisés joven en la corte faraónica
En el relato bíblico se exponen las continúas rebeliones que los Hijos de Israel mantienen frente a Yahvéh y a Moisés. El mismo Dios se muestra más intolerante y soberbio que Moisés, cuando intenta en varias ocasiones exterminar a todo el pueblo en masa y los consejos de Moisés le detienen. Pudiera haber ocurrido que en una de estas sublevaciones Moisés fuera asesinado por el propio pueblo elegido para transmitirle su iniciación; y que dicho pueblo, tras generaciones de evolución, logró redimir su profundo sentimiento de culpa por tal magnicidio al incorporarle como pieza angular de su Tradición Sagrada.
Otto Rank, uno de los padres del psicoanálisis escribió una obra titulada El mito del nacimiento del héroe, donde descubre cómo todos los pueblos de la Antigüedad revistieron sus orígenes con las míticas vidas de sus héroes. Y en muchas de ellas se dan asombrosas circunstancias comunes: “El héroe es hijo de ilustrísimos padres, casi siempre hijo de reyes. El niño recién nacido es condenado, casi siempre por el padre, a ser muerto o abandonado; de ordinario se le abandona a las aguas en una caja. Luego es salvado por animales o pastores… y tras azarosos avatares termina alcanzando grandeza y gloria…”
Otto Rank recoge los nombres de Sargón, Moisés, Ciro, Rómulo, Edipo, Paris, Perseo, Gilgamesh y otros muchos héroes fundadores de pueblos más desconocidos. Pero el personaje antiguo más conocido que ejemplifica esta leyenda-tipo es Sargón, el fundador de Babilonia hacia el 2800 a.C., tal como recogen textos en escritura cuneiforme, en los que explica, entre otras cosas, el abandono en el río por parte de su madre sacerdotisa dentro de una cesta de juncos…
Habría que recordar que Abraham, considerado el padre dinástico del pueblo judío, fue rey de Ur, ciudad-estado de la antigua Caldea, aunque la Biblia nos lo presente como pastor de ovejas que emigró a las tierras de Canaán. Otro patriarca, Isaac, revela en su ascendencia orígenes egipcios. Jacob y José dejan entrever su origen fenicio. Probablemente serían líderes de pueblos distintos, que siglos después que Moisés la leyenda enlazó en una misma cadena genealógica, para dar cierta fuerza a sus ancestros y confianza a sus descendientes.
El sacerdote egipcio Manathón, que compiló los datos más exactos de las dinastías faraónicas, afirma que Moisés era un sacerdote de Osiris. La propia Biblia reconoce que Moisés fue educado en los templos egipcios y que ostentaba un alto cargo político, como inspector del Imperio en las tierras de Gosen, donde se asentaba una parte importante del pueblo judío.
En la crónica de Flavio Josefo se dice que Moisés era un jefe militar egipcio, que había conducido una victoriosa campaña militar en Etiopía, justo en el lugar donde se retira refugiado, se casa con la hija del sumo sacerdote y descubre por primera vez a Yahvéh en una zarza ardiente.
Moisés en el Mar Rojo
En otro pasaje bíblico (Éxodo, IV) se menciona a Moisés como “torpe de lengua”, de tal forma que necesitaba a su hermano Aarón para comunicarse con los judíos. Tal vez esto fuera debido a que Moisés no hablaba hebreo y por tanto necesitaba de la ayuda de algún intérprete, al menos al principio del viaje.
Si Moisés era egipcio, ¿Qué pudo hacerle abandonar su tierra y sus nobles funciones para adentrarse en el desierto con una horda de inmigrantes e incultos judíos? Conocido es el desprecio histórico que sentían los egipcios por los pueblos extranjeros. Por otro lado, los judíos eran herméticos en sus costumbres y endogámicos en sus relaciones. ¿Cuál fue el motivo que les impulsó a elegir a un egipcio como su jefe, legislador y profeta de una nueva religión?.
Existen numerosas contradicciones históricas en el relato bíblico del Éxodo, probablemente destinadas a dar coherencia forzosa al orígen mítico del pueblo de Israel, como el único de toda la Tierra elegido por Dios para consolidar una Alianza Cósmica.
Significativo es que Herodoto cite a los fenicios y asirios de Palestina (los judíos) como practicantes de la circuncisión, costumbre que confesaban haber heredado de Egipto.
Según Freud, “conceder que la circuncisión era una costumbre egipcia introducida por Moisés, casi equivaldría a aceptar que la religión mosaica también había sido de origen egipcio”. Esta posibilidad es también contemplada por historiadores como Melle Sellin. Para argumentar esta hipótesis nos remontaremos a la gloriosa XVIII Dinastía, cuando Egipto se transformó en potencia mundial.
Hacia el 1375 a.C. sube al trono el joven faraón que pasaría a la Historia con el nombre de Akenatón. Durante los diecisiete años que duró su reinado impuso a todo el imperio una nueva religión monoteista de adoración al Dios Supremo -Atón- cuyo símbolo visible era el disco solar, como fuente de radiación de la energía y de la luz. Encontramos versos áureos de Akenatón a su Dios Universal que nos recuerdan a los salmos de los profetas judíos y, más tarde, al Corán de Mahoma. Y dice el Faraón: “¡Oh Tú, Dios Único! ¡No hay otro Dios sino Tú!” Y es curiosa esta línea genealógica que geográfica y religiosamente entronca tres grandes culturas en el tiempo: El Atón de Akenatón, el Yahvéh de Moisés y el Allah de Mahoma. Las similitudes de esta sucesión religiosa semítica son fascinantes y demasiado extenso sería desarrollarlas aquí.
¿No pudo ser que Moisés fuera un sacerdote de la Escuela de On, templo dedicado a Atón, y coetáneo seguidor del faraón iluminado?.
Las fechas coinciden. Podría ser que Moisés, viendo destrozado el culto al Dios Único a la muerte de Akenatón y siendo gobernador militar de la provincia limítrofe de Gosen, decidiera llevar a cabo el experimento social más arriesgado de la Historia: crear “casi de la nada” un pueblo, una religión y una nación.
Para el autor angloegipcio Ahmed Osman, célebre por haber identificado al abuelo de Akenatón, Yuya, con la figura del José del Génesis, atacó en 1990 con otra nueva hipótesis. Osman consiguió extender lazos bastante verosímiles para argumentar que Moisés y Akenatón habrían sido la misma persona.
Akenatón, faraón de la XVIII Dinastía que instauró el culto al Dios Único Atón.
Las Tablas de la Ley estaban escritas con signos jeroglíficos, probablemente egipcios, pero ¿decían lo mismo que nos cuenta la Biblia?
Elohim, Adonai… El Dios Único ancestral de los judíos antes de la revelación de Yahvéh ante Moisés.
En el Pentateuco se mencionan a los nombres de Yahvéh, Elohim y Adonai para referirse a Dios. Según Gressmann: “Los nombres distintos son el índice evidente de dioses primitivamente distintos. Pudiera ser que en un principio, todos aquellos nombres fueran índices del choque de fuerzas entre las primitivas tribus hebreas, y que al final prevaleciera la más poderosa y cruel de ellas. Moisés se acoplaría a esta tradición semántica de su pueblo elegido y utilizaría sagazmente sus costumbres religiosas ancestrales para conducirles por donde sólo él sabía”.
Históricamente, Yahvéh era un dios primitivo, volcánico, cruel, patriarcal, celoso y vengativo, adorado por las tribus medianitas de Qadesh, un oasis situado al sur de Palestina, entre la península del Sinaí y Arabia, a quien las enseñanzas egipcias de Moisés y después los profetas intentarían dulcificar y darle un sentido universal. Y para ello Moisés no dudó en emplear una alta magia que es signo inequívoco de que había bebido en los Misterios Egipcios, por lo que sabía preservar los secretos, como el referido al hecho ya citado de guardar los libros sagrados en un arca (como Moisés hizo con las Tablas depositadas en el Arca de la Alianza) llevado a cabo por los cultos iniciáticos egipcios, Tradición ésta que no salió nunca del Templo.
Son diversas, además, las coincidencias entre Atón y el Dios de los judíos, un “pueblo elegido” que terminó asesinando a su libertador Moisés… Y fue gracias a su inmolación, al igual que después ocurriría con Jesús, que su religión se implantó en el inconsciente del pueblo judío, terminando por transformarse con el tiempo. Por eso tiene sentido como expiación del tremendo pecado cometido, el epitafio final de la obra de Moisés a modo de terrible maldición sobre su propio pueblo, que en castigo a su rebeldía lo condena a dispersarse por el mundo y a sufrir sin consuelo los males más terribles. Y todo esto ocurre antes de la conquista de Canaán.
Pero debemos tener en cuenta, antes de crearnos una imagen ya demasiado definida sobre lo que representa Yahvéh en el Antiguo Testamento, las palabras de Félix Gracia en su artículo Yahvéh, el Señor de las fromas. “Algunos comentaristas bíblicos y escritores -dice Gracia- han contribuido con sus opiniones a difundir una imagen de Yahvéh como Dios severo, sanguinario y cruel”; Y se pregunta: “¿es ésta, en realidad, su esencia profunda?”. A este respecto, el escritor español añade: “el hombre no puede juzgar la acción divina como algo que está fuera de él mismo, ya que Hombre y Dios pertenecen a una unidad irrompible. Cuando esta unidad se quiebra, el mundo cae, y toda la Craeción lo refleja”. Y continúa: “el estado normal de las cosas contempla al binomio Dios-Hombre como una realidad inseparable, no disociada. El problema del mundo nace cuando esa entidad se rompe”. “La Creación es un proceso en marcha, donde el Hombre, fiel a su dignidad de origen divino, llega a ser el instrumento de la potencialidad creadora”.
Luis A. Lázaro finaliza su disertación sobre Moisés con estas palabras: “No queremos complicar más las cosas, añadiendo nuevas piezas y especulaciones a este trabajo. Muchas cosas más podrían ser dichas, pero… Lo cierto es que Moisés fue sin duda el fundador del monoteísmo, de la idea de un Dios Único y de una religión universal, que a través de la maldición del pueblo judío, dispersado entre las naciones por siglos, se ha mantenido y ampliando, alcanzando todos los rincones de la Tierra.
Una de las cosas que cabría añadirse, y que tal vez Lázaro no haga por pudor o por mera cuestión de espacio editorial, si la detalla sin el menor escrúpulo, y hasta con desenfado e ironía (irreverencia seguro que para algunos), Joaquín Grau, creador de la técnica regresiva Anatheóresis, en su artículo Moisés, ¿realidad o mito?, redactado para un monográfico sobre los Grandes enigmas del Antiguo Testamento publicado por la revista Más Allá de la Ciencia.
En él, tras una jocosa exposición de los pormenores del éxodo, así como de las figuras y hechos de Moisés y Yahvéh, pone el dedo en la llaga al referirse al pasaje del Mar Rojo, en que va conduciendo a los judíos una nube desde la que Yahvéh habla a unos cuantos elegidos. Y, al parecer, lo hace a través del Arca de la Alianza.
También a los defensores de un Arca de la Alianza, cuya naturaleza es la de un artilugio tecnológico radiotransmisor para comunicarse con “Dios”, se les abren nuevas perspectivas para razonar sus posturas.
Dice Grau: “A estas alturas nadie puede creer ya que Dios sea algo tan patológicamente humano como Yahvéh”. Y también está la existencia de otro artilugio que acompañó y alimentó a los judíos durante los cuarenta años que duró su éxodo (¿por qué tantos?); nos estamos refiriendo a la “máquina del Maná” de la que hablan diversas tradiciones cabalísticas y zoháricas, y que según esas mismas tradiciones custodiaron y se hicieron cargo de su mantenimiento los sacerdotes de Leví. Pero esa es ya otra historia…
Si las teorías de los ingenieros Sassoon y Dale se corroboran mediante el descubrimiento arqueológico del “Anciano de los Días”, también conocido como “máquina del Maná”, se confirmaría que un “Dios” tecnológico proveyó al “pueblo elegido” de herramientas de diseño.
Y otro tanto de lo mismo sucedería si se encontrase el Arca de la Alianza, o si los que dicen guardarla decidiesen mostrarla al mundo.

Fuente: Revista Masónica Fénix - Perú
Moises y sus Tablas
De acuerdo a la visión FILOSÓFICA TEISTA Judía, tanto la Tora escrita como la Tora oral, fue transmitida a Moisés en el Monte de Sinaí en el año 2448 de la creación del mundo (de acuerdo al calendario hebreo). En el Tratado Talmúdico Baba Batrá 14:b, se afirma que el pentateuco fue escrito por Moisés, aunque existe una gran controversia acerca de quien escribió los últimos ocho versículos del pentateuco. Algunos exegetas Talmúdicos comprenden que lo escribió Moisés pero otros sostienen que lo escribió Yoshua, quien fuera su discípulo. En los primeros tiempos (de acuerdo a la visión FILOSÓFICA TEISTA) existía una prohibición de escribir la Tora oral y a su vez de explicar la Tora escrita sin un libro guía. Por cierto, la Tora escrita en sus primeros tiempos no poseía puntuación (NEKUDOT) ni tampoco signos de canto (Teamim), solo recién en épocas de la Gran Asamblea (Anshe Keneset Haguedola) fue permitido escribirla con puntuación. En el tratado Talmúdico Guitin 60:a, se encuentra una gran disputa acerca de cómo fue entregado el pentateuco al pueblo de Israel. Existen opiniones que manifiestan que el pentateuco fue entregado en varios pergaminos a lo largo de la estadía del pueblo de Israel en el desierto, aunque también existen opiniones que sostienen que el pentateuco fue entregado de forma completa en un solo pergamino. En cuanto a la VISIÓN CIENTÍFICA: para muchos exégetas, Moisés, ni siquiera existió realmente, sino que fue un personaje mítico inventado para corroborar el origen divino del pueblo judío. Otro asunto oscuro lo representa el propio Éxodo de Israel, encabezado por Moisés, ya que según el parecer mayoritario de los especialistas en temas bíblicos, tuvo lugar durante el reinado del faraón Merneptah, cuarto rey de la XIX Dinastía, hijo de Ramsés II el Grande. Lo cierto es que en todo lo descubierto hasta ahora por los egiptólogos no hay nada que demuestre que tal hecho tuviese lugar. Otto Rank, uno de los padres del psicoanálisis escribió una obra titulada “El mito del nacimiento del héroe”(por cierto, un libro muy recomendado), donde descubre cómo todos los pueblos de la Antigüedad revistieron sus orígenes con las míticas vidas de sus héroes. Y EN MUCHAS DE ELLAS SE DAN ASOMBROSAS CIRCUNSTANCIAS COMUNES: "El héroe es hijo de ilustrísimos padres, casi siempre hijo de reyes. El niño recién nacido es condenado, casi siempre por el padre, a ser muerto o abandonado; de ordinario se le abandona a las aguas en una caja. Luego es salvado por animales o pastores... y tras azarosos avatares termina alcanzando grandeza y gloria..." Otto Rank recoge los nombres de Sargón, Moisés, Ciro, Rómulo, Edipo, Paris, Perseo, Gilgamesh y otros muchos héroes fundadores de pueblos más desconocidos. Pero el personaje antiguo más conocido que ejemplifica esta leyenda-tipo es Sargón, el fundador de Babilonia hacia el año 2800 a.C (mucho antes del nacimiento de Moisés) tal como recogen textos en escritura cuneiforme, en los que explica, entre otras cosas, el abandono en el río por parte de su madre sacerdotisa dentro de una cesta de juncos. El arqueólogo FINKELSTEIN, quien es director del Instituto de Arqueología de la Universidad de Tel Aviv, asevera que la Biblia no responde a ninguna revelación divina y por el contrario, esa gesta es un brillante producto de la imaginación humana y que muchos de sus episodios nunca existieron “ENTRE ELLOS EL ÉXODO DEL PUEBLO DE ISRAEL”. Existen infinitas pruebas al respecto que él exponé en diferentes entrevistas y se hallan en Internet para todo lector en general, aunque lo ideal sería estudiar su cátedra en hebreo o ingles.
Personalmente comprendo que desde un punto de vista racional aun si se demostrara que existió un Moisés, héroes hubo en todos los pueblos de la antigüedad e incluso con las mismas facetas que Moisés como mencioné anteriormente, y POR SUPUESTO ESO NO DEMOSTRARÍA LA DIVINIDAD DEL PENTATEUCO SINO SOLO LA EXISTENCIA DE UN GUÍA O LÍDER DE UN PUEBLO DE LA ANTIGÜEDAD. Pero aun así, tampoco hay una evidencia seria que permita afirmar que haya existido Moisés, como lo reconocen las principales figuras arqueológicas del mundo científico universitario que entre ellas se encuentra FINKELSTEIN, quien como mencioné anteriormente es el director del Instituto de Arqueología de la Universidad de Tel aviv (y seguramente conoce bien todos los museos del mundo arqueológico y mucho más que eso).
Partiendo desde un punto de vista “RACIONAL”, no solamente no necesitamos a Dios para explicar el universo y la vida, sino que Dios aparece en el universo como algo superfluo. POR SUPUESTO, NO PODEMOS DEMOSTRAR LA INEXISTENCIA DE DIOS, COMO TAMPOCO PODEMOS DEMOSTRAR LA INEXISTENCIA DE LAS HADAS, LOS DUENDES, EL MUNDO DE HARRY POTTER, ETC. PERO, AL IGUAL COMO OCURRE CON ESAS OTRAS FANTASÍAS QUE NO PODEMOS DESMENTIR, PODEMOS DECIR QUE SEGÚN LA MAYORÍA DE LOS CIENTÍFICOS SERIOS DE LA ACTUALIDAD, LA EXISTENCIA DE DIOS, ES MUY IMPROBABLE. Sin embargo, si bien se puede cuestionar la existencia de Dios desde un plano racional, las religiones se basan en un plano espiritual. Por lo tanto, demás queda por decir que no existe contradicción al respecto, ya que son diferentes planos. Uno puede cuestionar a Dios desde un plano racional pero a su vez, creer en un Dios desde un plano espiritual, donde la emoción no conoce fronteras.
Personalmente comprendo que desde un punto de vista racional aun si se demostrara que existió un Moisés, héroes hubo en todos los pueblos de la antigüedad e incluso con las mismas facetas que Moisés como mencioné anteriormente, y POR SUPUESTO ESO NO DEMOSTRARÍA LA DIVINIDAD DEL PENTATEUCO SINO SOLO LA EXISTENCIA DE UN GUÍA O LÍDER DE UN PUEBLO DE LA ANTIGÜEDAD. Pero aun así, tampoco hay una evidencia seria que permita afirmar que haya existido Moisés, como lo reconocen las principales figuras arqueológicas del mundo científico universitario que entre ellas se encuentra FINKELSTEIN, quien como mencioné anteriormente es el director del Instituto de Arqueología de la Universidad de Tel aviv (y seguramente conoce bien todos los museos del mundo arqueológico y mucho más que eso).
Partiendo desde un punto de vista “RACIONAL”, no solamente no necesitamos a Dios para explicar el universo y la vida, sino que Dios aparece en el universo como algo superfluo. POR SUPUESTO, NO PODEMOS DEMOSTRAR LA INEXISTENCIA DE DIOS, COMO TAMPOCO PODEMOS DEMOSTRAR LA INEXISTENCIA DE LAS HADAS, LOS DUENDES, EL MUNDO DE HARRY POTTER, ETC. PERO, AL IGUAL COMO OCURRE CON ESAS OTRAS FANTASÍAS QUE NO PODEMOS DESMENTIR, PODEMOS DECIR QUE SEGÚN LA MAYORÍA DE LOS CIENTÍFICOS SERIOS DE LA ACTUALIDAD, LA EXISTENCIA DE DIOS, ES MUY IMPROBABLE. Sin embargo, si bien se puede cuestionar la existencia de Dios desde un plano racional, las religiones se basan en un plano espiritual. Por lo tanto, demás queda por decir que no existe contradicción al respecto, ya que son diferentes planos. Uno puede cuestionar a Dios desde un plano racional pero a su vez, creer en un Dios desde un plano espiritual, donde la emoción no conoce fronteras.
Cuando Moisés llegó a la Atlántida
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Una de tantas figuraciones de cómo era la Atlántida.
No salgo de mi asombro. Si alguien pensaba que al ganar el Mundial España había tocado techo es que no sabe de qué está hablando. Ahora resulta que somos el origen de la civilización y que la Atlántida, ese continente inexistente del que habló Platón en dos de sus obras (Critias y Timeo), está en Doñana. Lo dice un sesudo artículo dominical. Echa pestes el redactor ya que, al parecer, los malvados “científicos serios” se empeñan en negarlo y “pretenden poner orden ciñéndose a pruebas objetivas y aprovechando las ventajas del razonamiento lógico”. Qué cabrones y qué pesados con su manía de pensar y exigir pruebas.
Se ríe el redactor del reportaje publicado en Ideal de la “historiografía ortodoxa” por considerar tabú el debate. No es que sea tabú, es que el debate sobre la Atlántida está superado hace ya algunos añitos, pero se ve que se olvidaron de avisarle. El tipo nos cuenta que es nada menos que el Consejo Superior de Investigaciones Científicas el que podría encontrar el continente perdido. Como debe de ser de letras y le cuesta sumar dos y dos (que son cuatro, ya se lo digo yo) no se da cuenta de que los del CSIC se tienen por “científicos serios”, sus trabajos nutren la “historiografía ortodoxa” y me juego lo que sea a que nadie en la institución –e incluyo a los bedeles- cree que la Atlántida existió y esté en Doñana. De hecho, la institución nunca ha dicho que busque la Atlántida sino que lleva años investigando lo que podría ser una construcción con estructura circular en la desembocadura del Guadalquivir
Para llegar a tan peregrina conclusión, el tipo nos vuelve a endiñar por enésima vez (tirando por lo bajo) la historia del alemán Heinrich Schliemann que descubrió Troya utilizando la Iliada como única referencia. La hipótesis de la Atlántida y olé la formuló en 1922 otro arqueólogo alemán, Adolf Schulten, quien sostenía que Tartessos pudo haber sido la inspiración de Platón. Luego el pretendido investigador Georgeos Díaz-Montexano aprovechó una investigación del CSIC para volver a poner de moda la peregrina teoría aprovechando que la zona en la que se realiza coincide con la ubicación de la mítica Tartessos.
De Tartessos se sabe poco, pero lo suficiente como para descartar que pudiera haber sido el mítico continente. Si sabemos poco es por la ausencia de restos y referencias. Es decir, no pudo ser una civilización con “un poder insolente que invadía a la vez toda Europa y toda Asia” ni “un imperio grande y maravilloso”, como apuntó Platón en Timeo. Eso sin entrar a valorar que el filósofo hablaba de una isla tan grande como “Libia y Asia” y que hasta los damnificados por la Logse saben que Doñana no es una isla. Tampoco parece muy propio confundir un lugar más allá de las columnas de Hércules (Gibraltar) con el sur de España.
Un mapita como este y la tectónica de placas sirven para entender que no falta ningún continente.
Datos para pensar que la Atlántida es simple mitología abundan. En primer lugar, no cabe imaginar ninguna civilización con 9.000 años de antigüedad (11.000 a estas alturas), entre 3.000 y 4.000 años más que Mesopotamia. Tampoco dice nada a favor del continente perdido que Platón fuera el único en referirse a él (lo que demuestra que ni siquiera era un mito extendido en la época, aunque es posible que ya existiera) o que en ni él mismo se aclarase sobre dónde escuchó la historia (cita fuentes de información distintas en Critias y Timeo, lo que indica que se las inventó).
A estas altura nadie –salvo el autor del artículo y el ex ministro Manuel Pimentel- es tan leño como para seguir creyendo en la Atlántida. Los expertos coinciden en señalar que Platón inventó una sociedad ideal que –vaya casualidad- confirmaba la validez de las teorías que había expuesto en La República. Una sociedad que –también casualmente- se ajustaba como un guante a la manera de entender el mundo de los griegos. Por eso la estructura de la inexistente isla es un conjunto de círculos concéntricos (el círculo representa la perfección), que sirven para separar a los distintos grupos sociales (campesinos, guerreros, filósofos, soberanos…).
Pero ¿pudo existir esa gran civilización, muy desarrollada, barrida por una gran catástrofe natural? Ni pudo ni existió. De hecho, basta echar una mirada a un mapamundi en el que se ven las profundidades marinas para darse cuenta de que no hay restos de ningún continente perdido. La ausencia abrumadora de pruebas es lo que explica que los diferentes ‘investigadores’, en función del nivel de alcohol en su sangre, hayan situado la Atlántida en lugares tan distintos como Irlanda, Los Andes, el Tíbet, el Sáhara o Indonesia. La ausencia de pruebas lo que sugiere es que no existió y punto, aunque a algunos les cueste entenderlo.
Esto es un fotograma de "Los Diez Mandamientos" y el Éxodo un relato mítico.
Pero confundir una historia mítica, sin base real, con una verdad oculta no es patrimonio del autor del artículo. Esta misma semana pocos han sido los diarios que se han resistido a dar pábulo a una de las gilipolleces más grande de los últimos meses: una universidad americana ha ‘descubierto’ que el viento –como el hipo-grito huracanado de Pepe Pótamo- explica que el Mar Rojo se abriera para que Moisés y los suyos huyeran de los egipcios. El primer matiz que habría que hacer –y que pocos hicieron- es que estamos ante un claro ejemplo de ‘ciencia patológica’ ya que, recordemos, llevar bata blanca no es obstáculo para decir tonterías. Basta leer el artículo para darse cuenta de hasta qué punto cocinaron los datos para hacer encajar su hipótesis:
“[El] equipo localizó un lugar al sur del mar Mediterráneo donde pudo realizarse el legendario cruce y modeló diferentes formaciones de tierra que pudieron existir entonces, que habrían generado la historia del mar abriéndose para atravesarlo.”
Es decir, buscaron el lugar que mejor se ajustaba a sus deseos, lo reconstruyeron como les salió del nardo y luego, con un programa, se inventaron el comportamiento del agua tal y como ellos creían que debía de ser. Preguntas ¿Si hizo tanto viento cómo es que Moisés no salió volando? Será que llevaba las tablas de piedra con los Diez Mandamientos en el bolsillo. Si es un fenómeno natural ¿por qué no se ha reproducido en cerca de 5.000 años? Decía Sábato (creo) que "un milagro que se repite no es un milagro". Esto no ha vuelto a pasar ergo fue un milagro y no tiene explicación científica (salvo que dé opción a beca). Preguntas como siempre, pero ninguna respuesta.
La cuestión tiene demasiados peros. Para empezar, la historia de Moisés recuerda tanto a la de Sárgon I (rey de Mesopotamia en el 2.300 a.C.) que muchos creen que el relato bíblico es lo que Lucía Etxeberría llamaría una interpolación. Lo mismo se puede decir del Éxodo, que no es un suceso histórico, y que también tiene demasiado en común con un relato egipcio (el Libro de la Vaca Sagrada) como para no sospechar.
La Atlántida (como Mú, El Dorado, Shangri-La o Teruel) no existe. El Antiguo Testamento no es un libro de historia. Eso sí, todo esto da para llenar páginas.
El Sexo en la Biblia: Santos y Pecadores

El hijo de David viola a su propia hermana
El hijo primogénito de David, Amnón, se enamoró de su media hermana, Tamar. Tras hablar con un amigo, se hizo el enfermo y le pidió a su padre que Tamar le cocinara algo.
La obediente hija fue y cocinó unas frituras y se las llevó a su hermano Amnón.
"Él la sujetó y le dijo: "Ven, acuéstate conmigo, hermana mía." Pero ella respondió: "No, hermano mío, no me fuerces, pues no se hace esto en Israel. No cometas esta infamia.
¿A dónde iría yo deshonrada? Y tú serías como un infame en Israel. Habla, te lo suplico, al rey, que no rehusará entregarme a ti."
Pero él no quiso escucharla, sino que la sujetó y forzándola se acostó con ella.
─II Samuel 13:10-14.
A Amnón le dio asco, y al terminar expulsó de su cuarto a su propia hermana. David, que tampoco era un santito, se disgustó mucho con su hijo, pero no hizo nada en su contra.
La violada se pasó el resto de sus días en casa de su hermano, Absalón, que decidió vengar a su hermana dos años más tarde, asesinando a Amnón. Al final, Salomón fue ungido rey de Israel.
Salomón fue conocido por su sabiduría, pero es el playboy de la Biblia: Según Reyes 11:3, tuvo 600 mujeres, princesas, y 300 concubinas.
El Sexo en la Biblia: Santos y Pecadores

No sólo Goliat fue tumbado por David
David es uno de esos personajes bíblicos que aunque hace actos que actualmente serían calificados de barbaridades, nunca pierde la popularidad ante Dios.
Primero, David se hizo muy pero que muy amigo de Jonatán, el hijo del rey Saúl.
En acabando de hablar David a Saúl, el alma de Jonatán se apegó al alma de David, y le amó Jonatán como a sí mismo. Le retuvo Saúl aquel día y no le permitió regresar a casa de su padre. Hizo Jonatán alianza con David, pues le amaba como a sí mismo. Se quitó Jonatán el manto que llevaba y se lo dio a David, su vestido y también su espada, su arco y su cinturón
─ I Samuel 18 (1-4).
Jonatán murió después en una batalla, y David se lamentó así:
¡Jonatán! Por tu muerte estoy herido,por ti lleno de angustia, Jonatán, hermano mío, en extremo querido, más delicioso para mí tu amor que el amor de las mujeres.
─ II Samuel 1
David intentó buscar otras delicias entre las mujeres, y por intentar no se quedó corto.
Un atardecer se levantó David de su lecho y se paseaba por el terrado de la casa del rey cuando vio desde lo alto del terrado a una mujer que se estaba bañando. Era una mujer muy hermosa.
Mandó David para informarse sobre la mujer y le dijeron: "Es Betsabé, hija de Eliam, mujer de Urías el hitita."
David envió gente que la trajese; llegó donde David y él se acostó con ella, cuando acababa de purificarse de sus reglas. Y ella se volvió a su casa. La mujer quedó embarazada y envió a decir a David: "Estoy encinta."
─II Samuel 11:2-5.
Aquí David intentó por todos los medios que Urías se acostase con su esposa para así encubrir el adulterio, pero Urías se negó porque sus tropas estaban durmiendo en el suelo.
Y entonces David decidió librarse de Urías. Escribió una carta a su comandante: "Poned a Urías frente a lo más reñido de la batalla y retiraos de detrás de él para que sea herido y muera."
Después del luto, Betsabé se hizo concubina de David. De su unión nació Salomón.
Justo antes, David había bailado en celebración de Dios, y al parecer durante el baile enseñó algo más que su devoción.
Cuando se volvía David para bendecir su casa, Mikal, hija de Saúl, le salió al encuentro y le dijo: "¡Cómo se ha cubierto hoy de gloria el rey de Israel, descubriéndose hoy ante las criadas de sus servidores como se descubriría un cualquiera!"
Ya cuando David estaba viejo, sus criados decidieron con "una joven virgen que sirva al rey, y le atienda; que duerma en tu seno y dé calor a mi señor el rey buscó una muchacha hermosa por todos los términos de Israel y encontraron a Abisag la sunamita, y la llevaron al rey. La joven era extraordinariamente bella; cuidaba y servía al rey, pero el rey no la conoció".
El Sexo en la Biblia: Santos y Pecadores

Los violadores de Guibeá se salen con la suya
Un sacerdote judío se peleó con su amante, y ésta se fue a Belén a casa de su padre. El joven levita se arrepintió, y fue a recogerla para hacer las paces. En el camino de regreso a casa, se hospedaron en Guibeá, en una zona que controlaba la tribu israelita de Benjamín.
En ese pueblo, un anciano hospedó a la pareja y su criado, y entonces casi se repitió la escena de Sodoma:
Los hombres de la ciudad, gente malvada, cercaron la casa y golpeando la puerta le dijeron al viejo, dueño de la casa: "Haz salir al hombre que ha entrado en tu casa para que lo conozcamos."
─Jueces19:22
El sacerdote, sin embargo, no era muy valiente: Entonces el hombre tomó a su concubina y se la sacó fuera. Ellos la conocieron, la maltrataron toda la noche hasta la mañana y la dejaron al amanecer. Llegó la mujer de madrugada y cayó a la entrada de la casa del hombre donde estaba su marido; allí quedó hasta que fue de día.
El joven montó a su concubina en el asno, y regresó a su pueblo en las montañas.
Llegado a su casa, agarró un cuchillo y tomando a su concubina la partió miembro por miembro en doce trozos y los envió por todo el territorio de Israel.
– Jueces 19:20
El joven logró que se hiciera una asamblea, que condenó a muerte al pueblo de Guibeá. Pero como el pueblo era parte de la tribu de los benjamitas, éstos decidieron defenderse. Casi todos los hombres fueron exterminados, salvo 600 guerreros que se refugiaron en la Peña de Rimmón.
Los israelitas de repente se dieron cuenta que estaban a punto de exterminar a una tribu de Israel, y entonces se arrepintieron, llegando a una macabra conclusión: como la gente de Yabés de Galaad no había enviado a ningún guerrero, mandaron matar a todos los hombres de ese pueblo, y las doncellas fueron dadas a los sobrevivientes benjamitas.
El capítulo de Jueces termina así: "Por aquel tiempo no había rey en Israel y cada uno hacía lo que le parecía bien".
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