lunes, 4 de octubre de 2010

POESIA LAMBAYECANA

A Mi Madre Le Decían Loca

A mi madre le decían loca, pero no era loca, era profesora. Hablaba diferente. Decía: "Los ojos sirven para escuchar". Yo tenía diez años de edad. Un niño no comprende el lenguaje vertical y pensaba que quizá mi madre era loca.

Cierta vez me armé de valor y pregunté, ¿con qué miramos? Me respondió: "Con el corazón". Cuando mi madre se levantaba de buen humor cantaba: "Hoy me he puesto mi vestido de veinte años". Yo sabía que no tenía veinte años y la miraba, nada más. ¿Qué puede hacer un niño, sino escuchar? Si mi madre estaba triste decía estar vestida de niebla: "Hoy tengo ochenta años" -dijo-, cuando desaprobé un curso. Al fin pude terminar la educación primaria. El día de la clausura llegó tarde. Se disculpó diciendo: "Hijito, me demoré porque estuve buscando mi vestido de Primera Comunión, ¿No ves mi vestido de Primera Comunión?. Miré a mi madre y no estaba vestida de Primera Comunión. Después tuvo ese accidente fatal. Me llamó a su lado, cogió fuerte mis manos y dijo: "No tengas pena, la muerte no es para siempre".

Pensé: mi madre no se da cuenta de lo que habla. Si uno muere es para siempre. Era niño y no entendía sus palabras. Ahora tengo cincuenta años y recién comprendo sus enseñanzas. Sí, madre. Podemos tener 20 años y al día siguiente ochenta. Todo depende de nuestro estado de ánimo. Los ojos sirven para escuchar porque debemos mirar con atención a quien nos habla. Para conocer la realidad esencial de una persona, tenemos que mirarla con el corazón. La muerte no es para siempre, sólo muere lo que se olvida y a mi madre la recuerdo porque la quiero. Ahora -en sueños platicamos- nos reimos de su método de enseñanza. Aprendí a mirar con el corazón. Una noche me dijo: "He notado que te molestas si tus amigos te dicen loco y eso no está bien. Es natural que el hijo de una loca sea loco". Entonces -por primera vez- repliqué a mi madre y le dije: usted se equivoca, no siempre el hijo de una loca tiene que ser loco, a veces es poeta. Por eso puedo decir con orgullo: A mi madre le decían loca, pero no era loca, era profesora. Me enseñó a descubrir la vida después de la muerte.



Max Dextre

Nuevo Amanecer



Esta puerta roja
por donde pasaban mis inquilinos,
está queriendo despintar
el tiempo,
el sol,
la lluvia.

Y tiene el coraje
del cedro aquél,
oculto mástil en bosque
cobijador de osos,
nido de palomos.

Con el que tallaré el sosiego,
el reposo de mi frente
agotadora de inviernos,
llamarada oscilante
hacia la noche incesante
sedienta de auroras.



Mario Camino Negrón


Teresa la Mondonguera
Con su figura sin par,
luciendo un bulto o chichón
cual jugoso chicharrón
de los chanchos del lugar;
se le miró caminar
siempre graciosa y sonriente
ofreciéndole a la gente
ese rico mondonguito
y aquel sabroso higadito
que se comía caliente.
En sus múltiples andanzas,
y sus quehaceres sin fin
se le vió por el "soltín"
lavando tripas y panzas;
provocando la acechanza
o piropo majadero
de un "Life en cueva de soltero"
que entre chopes escondido
se deleitaba el "lambido"
en cumplidos pasajeros.

Descendiente de mochicas,
buena chicha elaboraba
y piquellos preparaba
de tripas blancas y ricas;
quien así se tonifica
"dejuro" que es mellicero
dice un refrán callejero
del decir ferreñafano
y "cortaba" muy temprano
con don Tulio el zapatero.

¡Teresa la Mondonguera!
estampa criolla tan pura
viveza, gracia y ternura
de tradición verdadera;
hoy en mi loca quimera
te recuerdo con unción
y con la sana intención
de alabarte tu trabajo
vales un Perú ¡Carajo!
¡Teresa de Tradición!


Orlando Gonzales García "Manolando

BAJA COMO BAJAN LAS OLAS

1

Baja como bajan las olas
que mojan nuestros pies

a la orilla del mar.

Llega hasta mi alma

y quédate con ella.


2


Eres el poema

que danza mi llegada,

la canción que canta el mar,

la lluvia que se emociona

al ver crecer a las flores.

Eres tú mi pequeño dragón

el que procrea luz

al corazón del sol.



Matilde Granados

SOLO QUIERO
1

Sólo quiero que estés aquí
seduciendo sin límites

cada extremo

de mis más oscuras poblaciones,

que silencies la ciudad

y que abraces sin cansarte

todo mi universo.


2

Mamá conviérteme en la niña

de ojos conmovedores

difíciles de alcanzar,

regálame un bosque

donde toda la vida

retoñe en complicidad

con la libertad,

procrea para mí

los más hermosos amaneceres

y cédeme otra vez

un espacio en tu vientre.


Matilde Granados

DESEO CAMINAR

1
Deseo caminar por la ciudad

con los pies descalzos

escribiendo poemas

y en cada paso mío

ir desprendiéndome una a una

de todas mis prendas.

Que sólo sea

la propia naturaleza

de mi piel la que me cubra.

Caminar riendo, despreocupada

del tiempo y de toda mi vida

hasta llegar a un jardín cualquiera

donde pueda estirarme cómodamente

y contemplar el quieto cuerpo de una flor.
Matilde Granados

El Hombre
El hombre se quedó parado
ante su sombra
mirándose,
midiéndose,
como examinándose
para saber si era así un hombre

Pero luego de mirarse,
medirse,
examinarse hasta la nada,
frente a su sombra ahí parado,
sólo atinó a creer
que así y nada más
era el hombre.

Nixa




La niña que tuvo un hijo en el sueño

Quisiste tener un niño
y en los brazos de tus sueños,
el niño estaba dormido.
Era como tú, bonito
era, como yo, intranquilo;
era algo que nunca he visto.

Escondido entre tus senos
el niño se estaba riendo,
riéndose de tus sueños.

Y se te cayó del alma
del grito en que despertaste,
dormida sobre tu cama.

Y lloraste por el niño
y lloraste por el sueño,
del niño que no has tenido.



Nixa


La Noche y el Miedo


¿Qué cosas hay en la noche Nosotros mismo ya somos
que a nosotros nos da miedo? lo que otras veces ya fuimos;
¿Qué cosa es la oscuridad, unos por llegar primero
cuando aún nos queda el cielo? y otros porque no vivimos.

¿Qué cosa es decir yo río, La cosa es que por dolernos
cuando las pena nos toca siempre miramos la noche.
con sus lirios de inocencia, El que va a pie por la calle
con que se pinta la boca? Envidia al que pasa en coche.


¿Qué cosa es decir, qué cosa? De toda suerte y costura
calle arriba del silencio, no hay calza para este guante,
calle abajo de la nada, no hay guante para esta mano
calle de lo que no pienso. no hay nadie que nos aguante.


Que si la vida es así, Porque la vida es así,
todos queremos hacerla, y si fuera de otro modo,
de otro modo, a nuestro modo, también sería lo mismo
aunque se rompa la cuerda. porque polvo y lodo somos.







Nixa

Conversación a Solas
Anteayer pasabas por los mercados, según me dijiste.
Te embarcaste, recorriste todos los mundos, cerraste
el plomo portón de tus sueños; no tuviste pena de mi.
Entonces yo también me embarqué a traer pan
y los difíciles cadáveres de buey sonrieron a nadie.
Para saciar el latigazo del estómago,
oh el disco loco de tus sienes
me estará captando a lo lejos, trepando el sueño,
gateando a mi infancia, excomulgando la roca de
mis suspiros.
Me lo dijiste tantas veces en cada piedra, ¿recuerdas?
Oh, astro de pan cocinado en ayunos, a solas te sorbo
es decir te llamo, es decir te veo como un perro fiel,
volando.
Por las grietas de tus rastros jamás me canso de seguirte
como un rayo, a solas enferma de no escuchar
nada diferente.
Es mi efigie dorada una paloma en el puente
al fin sin ninguna noticia tuya, volando
a la tierra nuestra.


Lalí Pereyra

Mi Bandera

Lucirás tan hermosa
más hermosa que una flor,
eres la reina de mi amor,
aunque destiñan los colores de mi pobre corazón.
Viendo que el viento te arrastra
por el río y por el mar,
eres dulce y hermosa
y en mis sueños te veo flamear.
Me levanto con cariño y te veo así volar.
como eres tan bonita, en ti he nacido
por eso corro tras de tí,
cruzo las montañas
que por tí solamente han sido creadas.
Alegre, amorosa y feliz. Estás libre
flameando los colores rojo y blanco de mi amor.



Lalí Pereyra

Lipo Le Canta a La Luna

Yo sólo deseo ver reflejado un retazo de luna
en el agua de las fuentes.
Yo sólo deseo ver reflejado mi rostro
en el fuego transparente del sol.
Ver fluir la mañana como una rosa abierta a través
de los montes llenos de brumas sutiles.
No quiero que acerquen a mis ojos lámparas ciegas
o el filo de un hacha cuando la noche extiende
su corazón palpitante.
Quiero despertar con los ojos puestos en el hombre
que aproxima su dulce vino a mis labios
y acostarme con la diosa que danza febrilmente
entre los sueños del alba.
Y al despertar a mi deseo cantar mi canción,
a tí que aún sueñas con las blancas gaviotas del cielo,
con el buen vino,
con la cumbre del monte
a donde se remonta mi espíritu.

Ernesto Zumarán Alvitez

Caput Mortem
El río sediento huyendo del agua Westphalen
El río sediento huyendo del agua.
Y todas las palabras llegadas desde abajo
como ramilletes que nada dicen nada predicen
insisten sólo insisten encaramarse
en la realidad furtiva del agua de arriba
del agua de abajo.
Huyendo del agua el río sediento
a sólo un minuto del costado derecho
el corazón sediento de culminación y hechura
realidad que borbota instantes incumplidos.

El río sediento del agua
qué manera de hilarse a lo amado
donde todo o nada se desprende
y es el poema una flor que rompe el deseo.

Huyendo del agua el río sediento
qué abanico de penumbra te atrajo al eje de la carne
en cuyo íntimo cadalso padeces una luz sombría
sorprendido por el filo de las hachas,
qué suceso enmascarado te distrajo
de lo vivido sin saber volver ahora
al origen de tu gesto el verdaderamente valedero
del que nunca te hubieras desprendido.

El río sediento huyendo del agua.

Un insomnio fugaz-eterno
caes y te levantas
te levantas y caes
todo numerado numerable
igual tu cuerpo sedoso sediento sedentario
y a tu costado muerta la palabra
¿con ella pretendes redimir la palidez
del cadáver de la vida?

El agua y la palabra fluyen dentro de tu cuerpo
unidos en el poema que ahora escribes
sin saber volver al origen, a la fuente,
al deseo arrebatado
invalidado por la simulación de un tiempo
donde la luz y sombra se fatigan
y no es el verso el pan de cada día
ni el pan de cada día el verso de otro día venidero.

El río sediento huyendo del agua.

Ernesto Zumarán Alvitez


Voy a Hablarles Del Olvido
Voy a hablarles del olvido, del blanco olvido,
del más blanco olvido.
Por ejemplo, de tu vaso de agua que ciernes sobre
un cuerpo nocturno, tendido sobre la yerba
como una gran higuera perfecta y azulada,
que es la propia visión del paraíso que tu piel
imagina o asedia;
o por ejemplo, de aquella música que de niño oíste
como el rumor de un río recorriendo la vastedad de tus años,
y que guardas celosamente en tu corazón;
o de tus manos que nada palpan sino un endeble arco iris
en cuyo lomo el olvido atiza sus júbilos y danza,
frenéticamente, para que la muerte funde sus graneros,
y tú te mires irte y volver así tan ceremonioso y triste,
alejado de los tuyos, de tus libros,
de tus tardes inacabables,
y de esas horas donde ponías lo tuyo,
piedra angular como eras.
Porque todo, absolutamente todo ha de verterse por igual:
el sol, la luna, las aguas, las cunas matinales.
Todo, absolutamente todo tiene que abrirse para cerrarse:
las ventanas, el mar, las lóbregas expiaciones del abismo;
tú mismo que hablas del olvido atenaceado por la luz,
por el tiempo que pasa como una flecha larga y tenaz,
y que no puedes detener sin herir el curso del viento,
el caer de la arena sobre la baldosa húmeda y limpia,
Pero, ¿es ésto acaso el olvido?
¿Son esas palomas que cruzan el cielo, el olvido?
¿tus manos que expian el abismo, tan enternecidamente,
son el olvido?
Y el rumor del agua, las armas dejadas a un lado
enmohecidas,
el mar que se abre, el mar que se cierra,
la ternura de las muchachas, el amigo cuya duda es
una flor rara y profusa, ¿son el olvido?
Tal vez el olvido es sólo un sutil aguijonazo
que nos imprime la reverberación oculta de un rostro
que pugna por su singular transparencia.

Ernesto Zumarán Alvitez

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