miércoles, 22 de diciembre de 2010

El incesto: Lot, sus hijas y ¿En qué pensaban, quienes la Biblia escribieran?





Nuestro propósito, al explorar el incesto en esta entrada, es el de enfocarlo como un proceso evolutivo y como parte de los aspectos fundamentales que rigen nuestros comportamientos.

Primero, los autores de la Biblia; cuyos conocimientos siempre buscamos, porque éstos representan el modo como nuestros antecesores razonaban — aunque nunca podrían anticipar los resultados biológicos del incesto entre padres e hijas — antes de que la domesticación de animales pudiera demostrarles directamente, los efectos de la endogamia.

Las leyes mosaicas, cuando, por ejemplo, prohíben el consumo de la carne de cerdo — no lo hicieron aplicando los conocimientos de la microbiología; ciencia que aun no existiera. Pero sí sabían que el cerdo con sus mecanismos de termorregulación que requieren que se sumerjan en el lodo para reducir su temperatura, era una especie alimenticia que evitar en el desierto donde vivían. (Véase: Managing Heat Stress in the Outdoor Pig Breeding Herd por J. McGlone).

Sin embargo, para entender el incesto, no podemos ignorar lo que aprendiéramos acerca de nuestras intuiciones. Las mismas que gobiernan comportamientos de evasión y de acercamiento. (Véase mi serie: ¿Por qué no Existen los Accidentes…?).

De todas maneras, las aplicaciones científicas nos han asistido.

Lo que sabemos

Con el desarrollo de de la ciencia moderna, los peligros precisos de la consanguinidad se han establecido, y son asombrosos.

En un estudio. Los resultados de la procreación entre primo hermanos incrementaban la mortalidad infantil un 60%. En otro, una mayoría de los descendientes nacidos de padre-hija y de hermano-hermana morían durante los primeros seis meses de vida, demostrando asimismo un porcentaje más alto de defectos hereditarios, incluyendo el estigma de la retardación mental. De la que ya hemos hablado. (Véase mi ponencia: El Autismo y su Entendimiento en monografías.com).

Estudios abundan que, parcial o totalmente, soportan los conceptos, por Freud, avanzados, acerca del tabú del incesto. Para Freud, los Complejos de Edipo y de Electra serían los fenómenos ingénitos en el desarrollo psicosexual del ser humano, que yacen las bases para la formación de una conciencia moral o Súper/ego. (Véase mi artículo: Complejos de Edipo y Electra en monografías.com).

Pero, la Biblia, nuestra gran Maestra, se contradice en éste y otros asuntos.

Leamos de la Biblia

Levítico, prohíbe el incesto de modo explícito:

18:5 Guardad mis preceptos y mis normas. El hombre que los cumpla, por ellos vivirá. Yo, Yahveh.

18:6 Ninguno de vosotros se acerque a una consanguínea suya para descubrir su desnudez. Yo, Yahveh.

18:7 No descubrirás la desnudez de tu padre ni la desnudez de tu madre. Es tu madre; no descubrirás su desnudez.

18:8 No descubrirás la desnudez de la mujer de tu padre; es la misma desnudez de tu padre.

18:9 No descubrirás la desnudez de tu hermana, hija de tu padre o hija de tu madre, nacida en casa o fuera de ella.

18:10 No descubrirás la desnudez de la hija de tu hijo o de la hija de tu hija, pues es tu propia desnudez.

18:11 No descubrirás la desnudez de la hija de la mujer de tu padre, engendrada de tu padre, que es tu hermana.

18:12 No descubrirás la desnudez de la hermana de tu padre; es carne de tu padre.

18:13 No descubrirás la desnudez de la hermana de tu madre; es carne de tu madre.

18:14 No descubrirás la desnudez del hermano de tu padre; no te acercarás a su mujer; es la mujer de tu tío.

18:15 No descubrirás la desnudez de tu nuera, es la mujer de tu hijo; no descubrirás su desnudez.

18:16 No descubrirás la desnudez de la mujer de tu hermano; es la desnudez de tu hermano.

18:17 No descubrirás la desnudez de una mujer y la de su hija, ni tomarás la hija de su hijo ni la hija de su hija para descubrir su desnudez; son tu propia carne; sería un incesto.

Una caracterización de la Biblia proveniente del Internet:

‘Es un libro con violaciones, abuso sexual, ‘quítate tú para ponerme yo, amor ilícito, exhibicionismo, incesto, un poco de amor gay y una obsesión con la circuncisión. Si crees que esta magna obra sólo la encontrarás en la sección porno, la respuesta es muy distinta: está en casi todos los moteles de Estados Unidos, pero también en casi todas las iglesias cristianas: es la sagrada Biblia’.



El incesto en la Biblia: Lot es seducido por sus hijas

Lot, el sobrino de Abraham, vivía en Sodoma, una ciudad tan llena de pecado que quisieron violar, homosexualmente, en plena calle, a los enviados de Dios — Lot, entre ellos. Los ángeles, milicianos de Dios, lograron subyugar a la muchedumbre, pero Dios decidió destruir a la ciudad y a la vecina Gomorra sin dilación. Tan sólo se salvaría Lot, su mujer y sus dos hijas, que carecen de nombre alguno en la historia.

Mientras huían, la mujer de Lot fue ordenada a no mirar hacia atrás, pero lo hizo y se convirtió en un poste de sal. — Sólo Dios sabe por qué saló a la curiosa criatura y por qué la eliminaría — Lo que pasó, pasó.

El recién enviudado Lot, ya soltero de nuevo, se instaló en una cueva con sus hijas. Ambas, al verse solas y creyendo que eran las únicas mujeres que quedaban en el mundo, decidieron emborrachar a su padre, tener relaciones con el ebrio anciano y así poder tener hijos.

Al día siguiente dijo la mayor a la pequeña: ‘Mira, yo me he acostado anoche con mi padre. Vamos a propinarle vino también esta noche, y entras tú a acostarte con él, y así engendraremos de nuestro padre descendencia’. Darvinismo sin que Darwin aun existiera.

- Génesis 19:34.

Noblesse oblige…

Las dos hijas de Lot quedaron encintas de su padre. La mayor dio a luz un hijo, y le llamó Moab: es el padre de los actuales moabitas. La pequeña también dio a luz un hijo, y le llamó Ben Ammí: es el padre de los actuales ammonitas’. (¿Con quiénes procrearan? La Biblia no enseña).

- Génesis 19:36-38.

Así concluye la aparición breve, en la historia bíblica, del sobrino de Abraham.

El incesto como fenómeno de carácter cultural y religioso

La mayoría de las personas en la gran parte de todas las sociedades aborrece profundamente las relaciones sexuales incestuosas.

Aquí no hacemos referencia al abuso sexual contra niños, sino a relaciones consentidas entre padres e hijos, en cualquier combinación — la incidencia de las que, por sus delicadas naturalezas, nunca sabremos, porque posiblemente, nunca serían reportadas.

Por otra parte, si se busca orientación en los trabajos de los expertos tradicionales, muchos libros han sido publicados donde se acusa a Alfred Kinsey de ocultar información acerca de lo ubicuo de los comportamientos incestuosos que encontrara en sus investigaciones — lo que hiciera para no despertar curiosidad y opiniones adversas. (Véase: Family Sex por W. Farrell).

Las teorías de Edward Westermark, que nos aseguran que niños que crecen juntos tienden a la exogamia, son refutadas por un número impresionante de antropólogos. Entre todos, Marvin Harris, lo hace con brevedad magistral, en Our Kind.

Mientras que los trabajos del antropólogo Arthur Wolf, hechos en China, y basados en los principios de la Sociobiología Humana, y los concluidos en los Kibutz de Israel, soportan la teoría de que la familiaridad de ser criados juntos, hace que los humanos prefieran, la exogamia, cuando crecen.

Lo que aún siendo así, ni elimina la omnipresencia del incesto, ni lo explica.

Pero, veamos…

Para explicar la tendencia a dejar el nido en busca de pareja sexual a la distancia, se han invocado tales factores como son los efectos de las feromonas que, en este caso, distancian, en vez de hacer aproximar, a quienes fueran criados juntos.

Feromonas negativas…

Un capítulo reciente a este rompecabezas fue añadido por Lloyd de Mause, quien, escribiendo acerca del incesto en el Journal of Psychohistory, en 1999, nos dice lo siguiente:

‘Este ensayo se publica para considerar la evidencia de hipótesis opuestas a la mía: Éstas proponen que la ausencia de incesto ha sido la orientación universal, para la mayoría de las personas, por todas partes y por todos los tiempos. Lo cierto es que mientras más se investiga detalladamente en toda nuestra historia, más evidencia se encuentra de que el incesto ha sido fenómeno universal, como ha sido asimismo la presencia de otras formas de abuso hacia el niño’.

Hasta ahora, el puzle del incesto nunca ha sido ensamblado, y sus enigmas no se han explicado.

Entra el Rey de la Sabana

Podemos imaginarnos al ser humano que, como antepasado nuestro, viviera en el paleolítico superior, habiendo exterminado toda oposición humanoide y reinando supremo como señor y dueño de la llanura.

Sus instintos, interactuando a los niveles de los tres cerebros — ya conocidos, de McLean — y entendidos como dogmas de la neurociencia moderna; lo orientarían en procurar compañía para el acto reproductivo, con la mujer que apareciera más atractiva en esos momentos.

Ella también buscaba lo mismo, aunque, tristemente incauta, de la carga enorme que le esperaba.

Por supuesto, asumimos que ya existiría la tribu y que el macho de la especie reconocía, plenamente, su posición y desarrollo en ese mismo lugar, o en el nuevo, en caso de que hubiese migrado, adoptando otro grupo para vivir entre sus miembros.

El cortejo no podría ser un simple garrotazo, la consumación del acto sexual y seguir cada quien su camino. No, aquí aplica la ‘Regla de los Tres’ — la del abandono del macho a los tres años de apareamiento conyugal para que el producto de la copulación fuera viable.

Una vez nacido el niño, las relaciones cambiarían entre los miembros de la pareja.

Influyendo en ambos, el hecho, de que como se vivía en proximidad muy estrecha; que la estimulación sexual, por esa misma proximidad propiciada, podría ocurrir a una edad temprana entre todos los participantes.

Pero no olvidemos aquí el rol de la alimentación y de las comidas disponibles en el entonces. (Véanse mis ponencias: Caso Difícil Número 14 & Número 18 y La Relación Entre el Embarazo Precoz de las Adolescentes y la Gordura en monografías.com).

Careciendo de comidas, como las de hoy, ricas en densidad calórica, la pubertad sería dilatada, en relación a la que nosotros conocemos — lo que sería seguro contra la atracción sexual de mujeres pre-pubescentes.

De esa manera, la niña muy joven no sería la más atractiva para quien, a su disposición tuviera mujeres más adecuadas.

La niña misma, en su desarrollo, por virtud de la necesidad de protegerse contra los avances del sexo opuesto, crecería más rápidamente que el varón, lo que le suministraba alguna defensa.

Entonces, el incesto, como exploración sexual, en la noche larga del neolítico, no era oportunidad para resarcir impulsos sexuales por seres denigrados y corruptos, sino que sería una circunstancia fortuita del hecho de vivir en esa época.

Se puede creer que, como actividad puramente exploratoria y curiosa, el incesto — en su aplicación más amplia, sería actividad no-reprehensible y común.

Por su naturaleza de ser narcisista y de querer ser especial, el ser humano ha creado una pantomima de los mismos instintos que, sin obstáculos nos movieran.

Pero, debemos de ser únicos. Aunque no lo seamos. En las dinastías egipcias los hermanos desposaban, sus hermanas. Mientras que los dioses griegos desposaban a quienes pudieran…

• Mitología griega

? Edipo y Yocasta

? Tiestes viola a su hija Pelopia y así nació Egisto.

? El mítico Adonis nació de la unión del rey Tías y su hija Mirra.

? El dios Zeus tomó a su hermana Deméter con la cual tuvo a Perséfone, con quien a su vez cometió un doble incesto al tener un hijo con ésta, dicho hijo es llamado Dionisos-Zagreos o Yaco.

o

• Mitología egipcia

? Osiris e Isis

Entonces tenemos la mitología de la era Victoriana. Tiempos en los que la sexualidad humana se trivializó, y marco entre los que los sexólogos originales originaran — no por coincidencia — la sexología, Freud incluido.

Freud, abundaba en razones por las que temiera dimitir la realidad del incesto. Hijo de padre mucho mayor que la madre. Por ella preferido. Avergonzado por ser judío en su Viena natal. Más tarde apegado a su cuñada, Minna Bernays, quien compartiera su domicilio y con quien pasaría, en solitud, sus descansos veraniegos. Con quien se dice que tuvo una relación romántica y estable de la que hubiese nacido, por lo menos, el producto de un embarazo abortado.

No siendo santo, Freud carecía de autoestima estable y sólida. Como quienes lo admiran, lo respetan y lo han estudiado bien saben. Por ello, no era directo, como tampoco Einstein lo sería.

La relación de Freud con su hija menor Anna, asimismo es sujeta a la especulación lúbrica.

Por ello, ante la hipocresía victoriana, Freud se dedicó a la mitología edípica. Algo que algunos de sus seguidores más cercanos asimismo adoptarían, notable entre todos la antropóloga Margaret Mead — pero, como el tango nos dice: ‘mentiras, mentiras, todo era mentiras’.

Pero no fue solamente la vergüenza del incesto lo que a Freud causaría problemas psicológicos de índole serios, sino la seducción infantil. (Véase: The Assault on Truth: Freud’s Suppression of the Seduction Theory por J. Moussaieff Masson).

Para muchos, entonces, el incesto se convertiría en un símbolo de ascendencia social. El Papa Alejandro VI, como pontífice de Dios, no podía abandonar a su hija preferida, Lucrezia, a ser desflorada por alguien que no fuese él — el Hombre, por Dios escogido.

Y así sería con los miembros de las dinastías egipcias, quienes se consideraban descendientes directos de los astros divinos que en ellos se personificaran.

Una síntesis psicoanalítica del incesto

Freud perteneció a la elite de tantos pensadores que creyeran en el rol que las costumbres ejercen en la formación del carácter humano. Para él la sexualidad había sido transformada por la religión en una caricatura de los instintos.

Pronto se percató de que muchas de sus primeras pacientes habían reportado relaciones incestuosas o de estimulación prematura para explicar sus síntomas. No sabiendo qué hacer con esas historias, las reportaría, como casos, en la literatura de entonces.

Más adelante, temiendo críticas se retractó. (Véase la obra citada anteriormente de J. Moussaieff Masson).

Sin embargo, sus descubrimientos, que él llamara cruciales, fueron la sexualidad infantil y el Complejo de Edipo.

Animado por esta nuevas nociones, Freud se vería impulsado a redefinir sus formulaciones teóricas originales, abandonando la seducción infantil, como ya hemos visto.

El caso de Jenny

Nos llegó por ser bulímica. Hija única. Tragedia, sino griega, por lo menos norteamericana del siglo XX.

Ambos padres eran médicos. Inmigraron de Irlanda a América en búsqueda del ‘sueño americano’. El que pronto encontraron, estableciéndose en una urbe donde los católicos eran preponderantes.

Las monjas del hospital donde ejercieran los acogerían muy bien. Ya que la Abadesa, Sor Rock, les facilitó todo lo necesario para que hicieran una fortuna entre ambos.

Pero la buena suerte no estaba en los astros para ellos. Shannon, la esposa, murió joven de carcinoma del seno. Lo que dejaría a Jenny y a Patrick en la peculiar situación de compartir el duelo y una inmensa mansión donde todo abundaba.

Jenny se dedicó a los catorce años a ser su padre acompañante y amiga. Lo puso a dieta, lo hizo correr con ella todos los días y lo acompañaba al trabajo si su horario escolar lo permitía.

Patrick perdió de peso, lucía revigorizado, como nunca antes. Habiendo adelgazado, se sentía feliz. (Véanse mis muchos artículos acerca del adelgazamiento en monografías.com y Psikis).

El incesto ocurrió en la piscina, de modo ‘natural’ como ambos lo describieran. No les pareció anormal, hasta que un vecino sospechoso, descubriendo actividad extraña en el área descrita, llamó la policía.

El infierno que ambos, padre e hija, confrontarían, ni Dante pudo imaginar.

Durante la terapia, Jenny decía, ‘yo me sentía muy especial. Era mi padre, pero lo amaba y lo necesitaba. Sabía que él a mí también me necesitaba… ¿A quiénes hicimos daño?’.

El lector, en este caso, tiene la palabra.

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