jueves, 9 de septiembre de 2010

CAJAMARCA.

Era una tarde de esas frescas, serenas, primaverales aparentemente, es que es Setiembre , el siempre limpido cielo Cajamarquino, engreído y orgulloso azsomaba en las aristas de sus ríspìdas praderas desafiantes nubes negras, amenazando que otra lluvia torrencial estaba por llegar, al compas de los gritos retumbantes de locos truenos , que en la paz purísima del silencio cantaba la intermitencia el eco dulce de su voz enronquecida en cada cerro verde , tierno prístino del paisaje virginal. eterno galante de las flores camino al porvenir de una esplendida belleza , y gota a gota lluvia adentro las aguas turbias discurrían al tropel de caudal, balanceando hojarasca y chamizas en su paso vencedor, y a lo lejos se adivina un río bravo, el temible Jequetepeuqe, que nace en la cornillera de ternura de esta tierra inolvidable donde empieza la aventura de la vida.

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