lunes, 27 de septiembre de 2010

UN BOSQUE SILENCIOSO , A Silent Wood, Elizabeth Leonor Siddal

Elizabeth Siddal se pregunta lo mismo que todos los que hemos disfrutado de una noche compartida, de una conversación íntima bajo el susurro incesante de las hojas.

La sombra de los árboles se ha transformado en un recuerdo vago, remoto. Aquella noche de revelaciones y besos ha sucumbido como todas las cosas que verdaderamente importan. Todo pasa y se vuelve más grave y profundo con el tiempo. Sin embargo allí continúa el bosque, el banco de un parque, las sombras y el cielo con sus estrellas inmutables. En mí serán recuerdo, pero quizás para otros sean el escenario de un comienzo, de una revelación, y acaso de un primer beso.



Un Bosque Silencioso.
A Silent Wood, Elizabeth Eleanor Siddal.


Oh, silencioso bosque, te atravieso
Con el corazón tan lleno de miseria
Por todas las voces que caen de los árboles,
Y las hierbas que rasgan mis piernas.

Deja que me siente en tu sombra más oscura,
Mientras los grises búhos vuelan sobre tí;
Allí he de rogar tu bendición:
No convertirme en una ilusión,
No desvanecerme en un lento letargo.

Escrutando a través de las penumbras,
Como alguien vacío de vida y esperanzas,
Congelada como una escultura de piedra,
Me siento en tu sombra, pero no sola.

¿Podrá Dios traer de vuelta aquel día,
En el que como dos figuras sombrías
Nos agitamos bajo las hojas tibias
En este silencioso bosque?


Elizabeth Eleanor Siddal (1829-1862)

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